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Desde
el Infierno
Raven Z
Ahora se
que no necesito morir para saber como es el infierno.
Aquí, sentada al filo de la luna mientras se consumen todas mis
paranoias sobre por qué no puedo volver a verte. Comprendo al fin
que ni el fuego que pueda abrazarme el cuerpo y quemar toda mi materia
hasta sus cenizas, se compara con lo que se siente estar sin ti.
Sentir el
sol, el cielo infinitamente azul mientras recuerdo tu sonrisa. Recordar
cada palabra que decías y solo escuchar el silencio en medio de
esta maldita ciudad. No tengo en mis manos las tuyas que me dan energía
para sujetarme a la vida. Mis labios no encuentran tu piel para descubrir
la palabra que te nombre y seas aquí en mi.
Me queda
mucho por describir de este lugar, como corresponsal de los avernos donde
ahora mi alma padece. Te tengo en medio de mis ojos y tú no me
verás jamás seguir tus pasos o tu sombra. Te siento en las
noches aun antes de dormir en mi pelo, que se enreda con el deseo de volver
a verte, pero que nunca volverá a brillar en tu presencia.
Muero un
poco cada día, no es solo un hecho real para cada humano, es mi
vida que retrocede y se consume en las lágrimas de este encierro
de tu recuerdo. Es la angustia por querer luchar a muerte por ti y regresar
de este infierno trayendo en las manos lo más valioso que encuentre
para que regreses a mi. Pero sé que me quedare aquí, estas
llamas me consumirán, mis lagrimas, mis labios, mi piel se secara.
Mientras
las huestes de los más negros pensamientos me llevan del llanto
desesperado a la euforia total cuando me pregunto: Alguien te amará
como yo lo hice? Jamás sabré si mis versos tuvieron sentido
en tu vida, jamás sabrás que todo lo que te di era solo
el comienzo, un pequeño intento por entregarme completa. Y todo
volverá al comienzo, como cuando no te tenia, como cuando no existías,
para volver a iniciar mi vida, desde mis propias cenizas.
Con una
nueva piel, con un nuevo sabor para entregar a quien me ama. Con los ojos
vivos y el corazón ágil para regalar lo mejor de mí
cariño. Y mi pelo, mi piel y mis labios dispuestos a encontrar
los dedos de aquel a quien pertenezco. Mientras tanto, escribo las crónicas
de este encierro, hasta que las llamas por haberte querido consuman lo
que aún queda en mi, que quise destinar solo a ti.
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