En el Divan de Kubrick: Hola, me llamo Raven Z y soy una adicta…
Estaba en mi casa, en la relativa calma de mi habitación, fui despertada por un ruido súbito, que logro que me enderezara en segundos desde mi cama, salte tan fuerte que comencé a flotar.

Por un momento me distraje con la sensación de cero gravedad pero el ruido me tenía por demás intrigada, así que comencé a navegar usando mis brazos como impulso, me di cuenta que mis cosas no flotaban solo era yo la que levitaba y por cada paso que quería dar en ese estado giraba hacia atrás y volvía a mi posición anterior.

Logre caer con gracia y mi cuerpo recuperó la gravedad. Y al momento que mi pie toco el piso la habitación se transformó completamente en un lugar oscuro, y sentí inmediato temor.
Me descubrí en un callejón y a mis espaldas escuche unas voces y creí oír a alguien cantar, di unos pasos y además de ese canto escuche pasos a lo lejos acercarse a mí, y distinguí que ente la luz del fondo, a la entrada del callejón, cuatro figuras que se acercaban a la distancia. De inmediato sentí pánico, y lo único que hice fue correr, mi cuerpo se hizo pesado, me costaba moverme pero sentí que ganaba distancia entre ellos.

Mientras corría mi ambiente nuevamente se vio transformado, esta vez era un corredor, y yo llegaba hacia el lobby de un hotel, y al darme la vuelta para ver si alguien me seguía logré ver las puertas rojas de unos elevadores que instantáneamente se inundaron dramáticamente de ríos de sangre que se acercaban hacia mí.
El pánico fue mayor pero esta vez recupere movilidad y velocidad, acercándome a una puerta, esta vez familiar, al entrar y cerrarla tras de mí y recuperar el aliento, estaba en mi habitación nuevamente y tras segundos de nervios y confusión, recordé el ruido que me tenía intrigada.

No se presentó el valor para salir por la puerta que tenía tras mío, y que empujaba con mi espalda.
Corrí hacia mi ventana, mi mano jaló la cortina y al levantarla divisé una niebla ploma espesa, a lo lejos mientras esta niebla se disipaba, logre ver claramente esta forma de hongo que se elevaba y causaba nuevamente que la gravedad dejara mi cuerpo y que el silencio fuera absoluto.

Desperté lentamente y con sensación a cansancio, el gran bostezo me pidió estirarme, sin inmutarme me levanté y me preparé para bañarme, me distrajo entonces el ver una fotografía que estaba chueca, me detuve a corregir su posición y me dirigí al espejo, y al verme en mi bata roja como unos 40 años mayor, me di cuenta que había visto mucha tele, trabajado en exceso y que el buen cine me extrañaba.




















