Entonces me fijo en mis manos.
Y mientras Led Zeppelin me alimentaba las sentí hechas de agua.
Mis dedos, flujos infinitos y cristalinos.
Para ese momento sentía que de alguna manera todo mi cuerpo se volvería de agua.
Paso a paso, ese efecto en mi mano subiera por mi brazo y hombros, llegando a mi cabeza, bajando a mi torso.
Solo bastaría que mis piernas hasta la punta de mis pies se licuen, para que todo mi cuerpo se convierta en una explosión violenta de agua. Inundando mí alrededor y humedeciendo el piso con mi ser.
En unas horas toda mi existencia se evaporaría del suelo y mi vida misma se reduciría a humedad.
En breve este momento de angustia, que convierte a mi existencia en líquido sobre el piso, me percato que mi alma flota desnuda sobre mi propio rocío, esperando encontrar el camino hacia su siguiente estado, pero aún mirando desde el piso no veo nada. Y me pregunto si lo que considero mi alma, no se encuentra empapada en cada átomo y molécula que se evapora lentamente elevándose indistintamente hacia varias direcciones.
He calmado la angustia de convertirme en vapor o polvo, y volviendo en mí, observo que mi mano se encuentra en su estado normal, y lejos de ser cristalina, mi palma se extiende a lo máximo y se distiende, esperando poder recuperar toda su movilidad.
No quiero seguir confundida, por sobre mi estado mental, o cual es el verdadero efecto de la música que escucho, apago mis sentidos y me envuelvo en olvido, hasta que 10 años mas pasen y hasta que vuelva a observar que mi mano se convierte el líquido, o que esta vez se encuentre sujetando a otra.
Conversa con mi Cuervo
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