Manifiesto 1.1

Graznido by Raven Z at 23:51
2008
Nov 11

Tengo la sensación de que la trivialidad se ha apoderado de mí. Así que mis pasos se dirigen a los espacios seguros, a las actividades regulares que no tienen una necesaria explicación de ser para no sentirse ajeno al consciente colectivo.
Pero me siento de alguna manera abandonada, y vacía, pese a este uniforme que el resto lleva, cuando en estos días puedo sentir que confundo con la maleza del fondo, mis pasos se hacen pesados y difíciles. El eco inevitable que causan en escuchar el latido de mi corazón contra este cuarto, casa, calles, fiesta que rebasa de gente pared a pared es inevitable que yo pueda seguir ignorándolo.

La simple retórica en la que me envuelvo, perdiendo todo encanto de lírica oscura o mística, que aunque solo yo entienda describe mi mundo al detalle y amasando las palabras que han escogidos los hombres para expresarse, trata de explicar porqué me gusta la noche.

Por qué mis mayores logros son aquellos extraídos de la contemplación morbosa de lo perverso y macabro. Dónde están mis noches mirando a la luna y tratando de encontrarle las orejas al conejo para sentir que todo estar bien.
Los ecos de mis cuervos en el preciso momento que algún evento nefasto sucederá, dentro de películas o libros, esa búsqueda implacable por el ave maldita por mentiras y mitos, que lo que hace es ser participe de ese funesto encuentro con lo definitivo, que es la voz de un difunto que trata de advertir que el cambio fatídico se acerca, más sin dejar a tras de sus campos destrozados, la tierra lista y sembrada para una futura cosecha… y llueve.

Dónde fueron mis expediciones a los encuentros con los bajos astrales que habitan mi cuento y que me ven leer dormir e hipnotizarme por la caja de colores.

Todo mi mundo se derrumba en cuanto el mundo se interpone en mi necesidad de pertenecer y no sentirme como un fenómeno digno de un frasco.
Vuelvo a mis aposentos oscuros y retirados, donde es mejor ver de lejos y con cortinas al solo salir y ponerse, transformar la tierra iluminarla y hacerla florecer. Lejos, que el resto se entretenga y disfrute de este fenómeno. Dejen me a mi la noche para contar mis estrellas, escuchar en su perfecto silencio el escalofriante alarido de lo oculto y los coros de cuervos espantando a los quejidos que el resto considera risas.

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