Será que es porque siento que el sol me cocina en mis ropas de cuervo, puedo decir que estoy a salvo por ahora. Pero sé que el frío se encuentra todavía ahí afuera, rondando con sus ventiscas contra mi ventana.
Él sabe el momento y el brillo en mis ojos, cuando sin necesidad de despojarme de mi plumaje me puede congelar el alma.
Ahora prefiero pensar, que sentir como mi corazón de agrieta y contemplar los pedazos de hielo que caen de él, cada vez que me acerco al sol.
Conversa con mi Cuervo
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