
Jean Delville (Belgian, 1867-1953) / Orpheus
Me encuentro en una sala blanca, amplia y minimalista, con esa sensación de hospital o psiquiátrico. Un ambiente que tiene todos los muebles y las paredes de color blanco.
En el centro de esta sala, que además tiene amplias ventanas de cortinas largas que encierran la sensación de una tenue luz al otro lado, esta una mesa de café ovalada con las patas negras. Ahí en el centro se encuentra una cabeza, esta recostada en la posición más cómoda y reposada en silencio, con el rostro relajado y plácido por el profundo sueño que experimenta.
Luego de largos minutos de observación, comienzo a darme cuenta entre bostezos, que no puedo alcanzar mi boca al querer taparla o frotar mis ojos cansados. Es mi cabeza la que yace en la mesa, y en resto de mi cuerpo se ha separado para contemplarla durmiendo.
No importa cuántas veces mis parpados se sientan pesados, y parezca que pierdo de vista mi cabeza sobre la mesa, hay lago hipnótico, una sensación de necesidad de seguir contemplando a mi cabeza dormir feliz y en paz, me tortura y me obliga a no perderla de vista, a no cerrar mis ojos durante toda la noche.
Al día siguiente, es obvio, otra mañana en la que me es difícil despegar la cara de la almohada y abrir los ojos mientras la luz se filtra en mi dormitorio, los gatos poseídos danzan a mi alrededor con sus campanas y su furia matutina que es lo único que garantiza que me ponga en pie y enfrentarme al nuevo día. Porque no hay despertador o ruido lo suficientemente estridente para despertar mi insomne locura.
Noche tras noche se frustra el deseo de dormir y soñar con otra cosa que no sea mi cabeza. Miles de ideas y pensamientos, miedos y teorías de conspiración, se agolpan al cerrar los ojos sobre mi almohada, entonces mi ofuscada imaginación no puede soñar más que en el sueño de mi cabeza descansando plácidamente. Algún día espero que se les unan mi cuerpo y mi mente.




















